Título hola
Autor anónimo
Mensaje Inútil propósito. Pocos días después de nuestro regreso, Eva estaba muerta. ¡Muerta! La palabra resonaba en mi cerebro como intentando obligarme a borrarla, pero la realidad se imponía sobre la incredulidad y no me dejaba otra alternativa que aceptar que no volvería a verla nunca más. Su sonrisa generosa, que había aceptado por primera vez mi compañía después del trabajo para tomar unas copas y relajarnos, se disipaba en mi memoria y pugnaba por desaparecer, aunque me empeñara en mirarla repetidamente en las fotografías del que había sido su teléfono móvil. Y todo por un accidente doméstico que era como una lotería. "Algo así le toca sólo a una persona entre un millón", habían dicho